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sábado, 4 de julio de 2015

055. Bomberos Voluntarios de Salto de las Rosas: el amargo aroma de la injusticia, huele a gas.

 
Nuestro bomberos rescatando el vehículo desbarrancado en Valle Grande (Foto: Diario Uno).
P
odría haberse quedado en su casa, cuidando que no le robaran la garrafa; sobre todo en estos tiempos, en que conseguir el precioso artefacto en Salto de las Rosas, equivale casi a la proeza de hallar un tesoro enterrado.
Podría haberse quedado; pero no. El comandante Pablo Franciulli tenía algo más importante que hacer, aquel aciago miércoles 1° de julio: la extinción de un incendio en la Ruta Provincial 160, que afectaba la línea del proyectado gasoducto a San Luis.
El alerta le había llegado, como es habitual, por fuera del protocolo del sistema de emergencias: el CEO-911, como ha señalado repetidas veces este periódico, se niega obstinadamente a cumplir con su responsabilidad. De ese modo, el Cuartel se enteró del siniestro a través de un llamado efectuado desde la Comisaría 42a. de Cañada Seca.
Como es habitual también, Franciulli hizo caso omiso del acostumbrado “ninguneo” oficial, y concurrió a la cita; más preocupado en cumplir con su misión, que en las pequeñas miserias de burócratas y funcionarios.
Una vez extinguido el incendio, comprobó que el fuego había quemado una caja de comandos del gasoducto, razón por la cual dio el aviso a la empresa Ecogas, y al CEO-911. Pero el destino le iba a deparar una desagradable sorpresa.
La operadora del CEO-911 respondió a su llamado con un altanero: “no puede ser, el único incendio que tenemos registrado está localizado en Real del Padre”.
El comandante, haciendo gala de una paciencia ejercitada durante siete largos años de “ninguneo” oficial, pidió hablar con el supervisor. Tuvo que insistir para vencer la inercia burocrática de la operadora, hasta que finalmente le atendió una mujer, la cual —de muy mala gana y en un tono seco y cortante—, insistió con terquedad en que el siniestro del gasoducto no podía existir, debido a que no figuraba en los registros del CEO-911.
No obstante este desaire, una sorpresa más ingrata aún le esperaba al comandante al regresar a su casa, y comprobar que le habían robado la garrafa, mientras él extinguía el incendio del gasoducto.
Hacían ya dos noches que sus perros ladraban por la madrugada, pero no les había hecho caso. Al comprobar el faltante del artefacto, su mirada se orientó hacia el cerco lindante con el vecino, cubierto por las grateas que había plantado, y que alcanzaban casi los tres metros de altura.
Y en ese avistaje comprobó, con amargura, que alguien había cortado las grateas; de tal modo que, desde la finca vecina, se podía ver con toda comodidad el patio de su casa, donde estaba instalada la garrafa.
Acto seguido Franciulli encaró a su vecino, para amonestarlo por el corte de las grateas y la desaparición del artefacto; pero éste reaccionó de muy mala manera, y se produjo un fuerte altercado entre ambos. Al día siguiente, una comisión policial de la Comisaría 42a. se presentó en el domicilio del comandante, con una orden de allanamiento emitida por la 1a. Fiscalía en lo Correccional, a cargo del doctor Mauricio Romano. La causa, que lleva el N° 515/15, está caratulada como “Averiguación Amenazas”.
El vecino, cuyo comportamiento deja un serio margen de duda sobre la honorabilidad de su proceder,  había presentado una denuncia ante el Poder Judicial.
Una Voz de Cañada Seca estuvo presente durante el allanamiento, que fue efectuado con toda corrección por el personal policial, a las órdenes del subcomisario Gustavo Manquepi.
Al retirarse los policías, este cronista quedó a solas con Franciulli. Pero algo parecía haberse quebrado en el interior de aquel hombre íntegro; acaso, la fe que lo mueve a cumplir con su misión de Voluntario, en la cual arriega la vida por sus vecinos, pero recibiendo por toda recompensa, la más grosera ingratitud.
Sí: un cambio se había producido en el Comandante. Había decidido no volver a “sacarle las papas del fuego” al CEO-911, no volver a padecer su constante maltrato. Y esto se evidenció en presencia de este cronista, cuando en la terminal VHF que tiene en su casa, recibió un llamado del Cuartel, solicitando autorización para proceder ante un incendio, cuyo alerta había sido dado —nuevamente— por el personal de la Comisaría 42a.; el mismo que, unos instantes antes, había cumplido la orden de allanar su domicilio.
—Negativo —contestó el Comandante. — Responda que sólo vamos a actuar respetando el protocolo de Emergencias; tiene que ser el CEO-911 quien nos llame de manera directa.
Instantes después llegó un nuevo llamado del Cuartel, informando que la 42a. insistía en pedir la ayuda de los Bomberos Voluntarios.
—Negativo —volvió a contestar Franciulli. —Que nos llame el CEO.
Luego de unos momentos, sonó el celular privado del Comandante; el llamado provenía de un “Número Desconocido”, como pudo observar el cronista de Una Voz de Cañada Seca. La persona que llamó, insistió en requerir el concurso de los Voluntarios para el siniestro que se había declarado; a lo cual Franciulli respondió secamente, “usted debe cumplir los protocolos de Emergencia. Le ruego que llame al celular del Cuartel, 0260-469-0009”.
La voz inquirió con quién estaba hablando, a lo cual le respondió: “Con el Comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, Pablo Franciulli. Ahora, tenga a bien llamar al Cuartel”.
Eran las 15.04, cuando volvió a sonar el VHF desde el Cuartel: “Comandante, acaban de llamar del CEO-911, solicitando ayuda para actuar en el siniestro”. Cinco minutos después, Franciulli subía con su uniforme a la autobomba, que lo pasaba a buscar por su casa, para salir raudamente hacia Calle Castro y Callejón Barruti; donde se procedieron a extinguir dos focos de incendio, que afectaban a las fincas de las familias López y Giménez.
Al salir, este cronista preguntábase qué clase de fuego sagrado inspiraba el accionar de hombres como Franciulli, y como los integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, quienes batallan diariamente contra los incendios, devoradores de vidas y bienes; pero que deben batallar también, contra la grosera ingratitud humana, devoradora de sueños y de energía vital.
Un acre hedor llegó a su olfato, mientras desandaba el camino hacia la Redacción de este periódico; el amargo aroma de la injusticia, que en Salto de las Rosas, huele a gas.

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es auspiciada por los siguientes comerciantes del Distrito:

Autoservicio “La Ruta”, de Alberto Gimenez.
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Consultorio Clínico del doctor Juan Carlos Giordano.
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miércoles, 18 de marzo de 2015

038. CON EL CORTE DE RUTA, LOS VECINOS CRUZARON SU PROPIO RUBICÓN.

Con tractores y otros vehículos, neumáticos sin incendiar y tachos, se bloquearon los caminos (Foto: Saúl Sepúlveda).


A
lea jacta est (La suerte está echada) habría dicho el general romano Julio César, cuando desobedeció las leyes del Imperio y cruzó con sus tropas el río Rubicón, dando inicio así a la Segunda Guerra Civil Romana, en el año 49 a.c.
Para los vecinos de Cañada Seca, decidir y efectuar el primer corte de ruta, ha sido una acción de características similares, en cierto sentido. Después de medio año de dialogar con las autoridades, consultarlas de manera permanente, colaborar con ellas en lo que creían era un trabajo en común, los únicos resultados fueron palabras altisonantes y hechos contradictorios.

Hoy un juramento, mañana una traición
 
Acta del 28 de noviembre de 2014. Al día hoy, los vecinos siguen esperando que se dé "inicio a la obra" (Foto: Horacio Silva).
Un breve repaso de los datos principales, así lo demuestra:
1°/10/2014: El ingeniero Piastrellini (Vialidad Provincial) afirma que la Rotonda estaría terminada en un plazo de cuatro meses, y apuesta cuatro lechones a que así será. Jamás volvió a aparecer por Cañada Seca, ni siquiera para pagar la apuesta.
28/11/2014: El ingeniero Rodríguez (Vialidad Nacional) firma con la contratista Pietroboni S.A. un “Acta de inicio de obra”, estimando el plazo de finalización en nueve meses.
12/12/2014: hartos de no ver movimiento alguno en Tres Esquinas, los Vecinos por la Comunidad efectúan su exitosa protesta, el “Asado a la Rotonda”. Al día siguiente, la subcontratista Camiletti S.A. deja en el lugar un trailer-obrador. El señor Carlos Camiletti declaró posteriormente: “nos pidieron que lo trajéramos, a pesar de que no íbamos a empezar la obra, porque «la gente estaba molesta»” (4/3/2015).
13/02/2015: Se efectúa una marcha en Salto de las Rosas, reclamando justicia para Nicolás Quesada. El comisario Jorge Andino explica a la concurrencia que debe dirigirse a la Primera Fiscalía Correccional para recabar información; pero cuando la familia se presenta allí, se le informa que “el expediente no ha llegado todavía, está aún en la Comisaría”.
28/02/2015: Sin dar explicaciones Camiletti retira el trailer, que había quedado abandonado en el lugar. Los vecinos deciden entonces convocar a una Gran Asamblea Vecinal para decidir el corte de ruta; 48 horas después, Camiletti lleva a Tres Esquinas otro obrador y una máquina motoniveladora, que quedan solitarios en el lugar.
5/3/2015: el ingeniero Osvaldo Manrique, jefe de obras de Camiletti S.A., asegura que “el 9 de marzo se comenzará a trabajar en el desvío del tránsito automotor”.

El cruce del Rubicón
 
Momentos iniciales: los primeros en llegar comienzan a bloquear el camino. (Foto: Ana Romani).
Un simple repaso de esta trayectoria, demuestra al lector menos avisado que los pocos movimientos de obra que se hicieron en Tres Esquinas, fueron a consecuencia directa de la acción de los vecinos, y de los artículos de Una Voz de Cañada Seca.
Este convencimiento los llevó a mantener la Gran Asamblea Vecinal del día 13, a pesar de las garantías ofrecidas por el ingeniero Manrique; y está a la vista, que no se equivocaron.
La Gran Asamblea deliberó sobre todos estos hechos, y fue así que votó por unanimidad efectuar el corte de ruta, iniciando el cruce de su propio Rubicón. “Alea jacta est”, se dijeron, y pusieron manos a la obra.
Una imagen del corte en el acceso a San Rafael. (Foto: Saúl Sepúlveda).

El movimiento vecinal del 16 de marzo fue ejemplar, en todos los sentidos. La autoridad moral que emanaba del pueblo de Cañada Seca, le dotaba de una fuerza extraordinaria. Esto se notó en la actitud de los numerosos automovilistas y camioneros que, aún debiendo aguardar diez minutos para poder pasar, saludaban al pueblo con toques de bocina, felicitándolo por la acción, y alentándole a continuar en su lucha.
También se notó esta fuerza moral, en la actitud de las fuerzas de seguridad que concurrieron al corte. El subcomisario Manquepi, de la comisaría 42° de Salto de las Rosas, se comportó como un auténtico caballero, cortés y atento para con los vecinos, velando todo el tiempo para evitar que se produjeran incidentes de cualquier clase.
Por su parte, el personal de Gendarmería modificó positivamente la actitud que asumiera el pasado 26 de septiembre, cuando el corte de ruta a raíz de la muerte de Guillermo Vergara. Aquella vez llegaron para disolver a los manifestantes; pero el día 16, vinieron para garantizar que la medida de fuerza se desarrollara en un marco de orden y seguridad, tanto para los vecinos, como para los automovilistas.
Llegada de efectivos de Gendarmería Nacional (Foto: Saúl Sepúlveda).

Y aquí se hace necesario destacar la actitud firme y positiva del pueblo de Cañada Seca. Los Bomberos Voluntarios de Salto de las Rosas, parte integrante de esta valiente comunidad, fueron de los primeros en llegar a la cita.
La gente se organizó en tres grupos, uno por cada acceso (hacia El Tropezón, hacia San Rafael y hacia General Alvear). Se había convenido que, cada diez minutos, los bomberos harían sonar la sirena de la autobomba, para dar la señal de abrir y cerrar la ruta, de manera alternada.
Familiares de Nicolás Quesada, al inicio del bloqueo (Foto: Saúl Sepúlveda).

Y cada vez que sonaba la sirena, era casi como asistir a un espectáculo de ballet, el ver cómo cada grupo, de inmediato y sin vacilaciones, movía los obstáculos de manera sincronizada. La organización funcionó con la perfección de un mecanismo de relojería, y esto constituye motivo de orgullo para la comunidad de Cañada Seca.

Lo que vendrá
 
Camiones aguardando el toque de sirena para habilitar el paso. Una escena que se repetirá hasta que la Rotonda se comience a construir efectivamente, y que se den respuestas satisfactorias a la familia de Nicolás Quesada. (Foto: Saúl Sepúlveda).
Al terminar el corte, el padre Mario Camozzi —cura párroco del pueblo— propuso que los vecinos se concentraran en una de las esquinas, para conversar sobre los pasos a seguir de allí en adelante. Hubo acuerdo general en que, debido a que no compareció ningún funcionario a ofrecer respuestas válidas, avaladas por documentación pertinente —el único que se acercó fue el delegado municipal Alfredo Riera—, los cortes de ruta debían continuar. Se propuso y aprobó un segundo corte, a efectuarse el próximo sábado 21 de marzo en horas de la tarde, el cual se efectuará “a menos que, en estos días, se demuestre con hechos y documentos, que han empezado a trabajar en serio”.
La decisión del nuevo corte, entonces, queda en manos de los funcionarios públicos y las empresas contratadas para la ejecución de la obra.♦


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jueves, 26 de febrero de 2015

028. CASO NICOLAS QUESADA – UN EXPEDIENTE QUE NO LLEGA

Nicolás Gabriel Quesada: ayer un ciudadano con derechos, hoy el olvidado expediente 70/15.
(S. de las Rosas., Jueves 26 de febrero). — Conforme a lo sugerido por el comisario Jorge Andino —titular de la Comisaría 42a. de Salto de las Rosas— durante la marcha efectuada el pasado 13 de febrero (ver nota del 14/2/15), Silvia Araya y su hermana Viviana, madre y tía de la víctima, se presentaron esta mañana en la Primera Fiscalia Correccional, a efectos de indagar sobre el expediente abierto tras la muerte de Nicolás el pasado 25 de enero.
Según contó Silvia a Una Voz de Cañada Seca, el fiscal Mauricio Romano, titular de dicha dependencia, se hallaba de licencia; las atendió un empleado, que tras buscar infructuosamente en su computadora, les informó que “el legajo no ha llegado aquí todavía”, y les pidió el número de expediente.
Sorprendidas ante la inesperada noticia, ambas hermanas se comunicaron con un familiar, Darío Montaña, quien se acercó a la Comisaría 42a. para preguntar sobre el mencionado legajo.
Fue atendido por el principal Miguel Quiroga, quien informó que “hubo un malentendido”, y que el expediente —codificado bajo el número “70/15”— se hallaba aún en la comisaría, porque “falta completarlo todavía” antes de remitirlo a la Fiscalía.
Dijo también el oficial que las prendas personales de la víctima se hallaban aún en la comisaría, y confirmó que el teléfono celular se encuentra en poder de Delitos Tecnológicos, tal como había afirmado el comisario Andino.
Por último, Quiroga afirmó que “en unos días” el expediente llegará efectivamente a la fiscalía, tras hacer un largo recorrido de escritorios y firmas de funcionarios.
Ha llamado la atención de los familiares la prolongada demora en activarse ese expediente, transcurrido un mes desde el asesinato del joven Quesada; y más aún que el comisario Andino, en su alocución a los familiares de las víctimas, haya afirmado que todas las consultas debían hacerse en la fiscalía del doctor Romano, la cual, como queda dicho, no tiene aún las actuaciones del caso.

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sábado, 14 de febrero de 2015

021. ANOCHE, EN SALTO DE LAS ROSAS - MARCHA POR EL JOVEN NICOLAS GABRIEL QUESADA.

Por Horacio Ricardo Silva (*) – redactor de Una Voz de Cañada Seca.
 
Nicolás Gabriel Quesada, según su perfil de Facebook; una vida tronchada a los 17 años.
C
onvocada por familiares y amigos del joven de 17 años, que fuera atropellado y abandonado por un vehículo desconocido en Línea Ancha el pasado 25 de enero, una columna de 200 personas partió de la Comisaría 42a. y recorrió las calles Sarmiento, Ruta 143 y Schestakow, portando carteles con la leyenda “Justicia por Nico”, y acompañando con batir de palmas su reclamo de justicia.

Una muerte prematura

L
e llamaban cariñosamente “Petaca”, y era hijo de una familia de trabajadores. Camila Piña, amiga suya desde los 14 años, lo recuerda así: “Nico era bueno como el pan; no se metía con nadie, no tenía problemas con nadie”.
Salto de las Rosas fue su pueblo natal, y el lugar donde tempranamente le arrebataron la vida. Como tantos jóvenes, no pudo conseguir un empleo digno y estable en su propia tierra; pero en lugar de abandonarse a la degradación de la delincuencia, el alcohol o las drogas, Nicolás se fue con su padre a trabajar en la lejana provincia de Santa Cruz.
No obstante extrañaba a su madre, Silvia Araya, y a sus tías, primos y abuelos; y en cuanto pudo, atravesó los casi 2.000 kilómetros que lo separaban de su familia, para nutrirse de sus afectos. Jamás lo hubiera hecho; Cañada Seca es territorio de violencia, marcado por la inconsciencia criminal de muchas personas que, habilitadas por un registro de conducir que no merecen, ponen en riesgo la vida de sus semejantes.
El sábado 24 de enero, Nicolás salió a encontrarse con sus amigos y primos; después de separarse, caminaba solo por Línea Ancha, la calle donde vive su madre. Y hacia la madrugada del domingo 25, un vehículo no identificado lo arrolló y abandonó a su suerte, sin piedad ni remordimientos.
Poco antes de las cinco de la mañana, fue encontrado tirado en el pavimento, en estado agonizante; unas personas que acertaron a pasar por allí, se detuvieron a auxiliarlo, y llamaron a la Policía. Pero ya era tarde; Nicolás murió mientras era trasladado al hospital.

“Queremos Justicia”

Inicio de la marcha.

H
acia las 20 horas del 13 de febrero, la plaza Manuel Belgrano de Salto de las Rosas comenzó a poblarse de asistentes a la marcha, que se quedaron esperando en las inmediaciones de la Comisaría 42°. Entre las autoridades presentes, se hallaban el delegado municipal Alfredo Riera, y el concejal Alfredo Morán, quienes se comprometieron a gestionar el pintado de una estrella amarilla por Nicolás en el lugar del crimen. Por otra parte, el subcomisario Gustavo Manquepi, de la 42a., dialogaba con la madre de Nicolás y otros familiares, explicándoles las actuaciones que había estado llevando a cabo el personal policial.




A las 9 de la noche, ya se había congregado el total de la concurrencia; un corte total de luz que afectó a la zona, agregaba un aire triste y sombrío al dolor popular.
Para comenzar, se esperaba la presencia de un móvil de Telesur – Canal 6 de San Rafael, que había comprometido su asistencia; pero el móvil no apareció.
Entonces, ante la sola presencia de dos periodistas de Una Voz de Cañada Seca, se dispuso la formación de la columna, que partió de la Comisaría a las 21:20. Al comenzar a doblar la esquina en la calle Sarmiento, otro conductor desaprensivo pasó de largo sin aminorar la marcha, rozando peligrosamente a la cabeza de la columna.
Ante ese hecho, un patrullero policial se dispuso a encabezar la marcha, que completó su recorrido en veinte minutos. Durante todo el trayecto, no se oyó ningún tipo de insultos ni improperios; sólo el batir de palmas, y las voces a coro que reclamaban: “Queremos Justicia”.
Al arribar al punto de partida a las 21:40, la columna se concentró frente a la Comisaría, donde Victorina Rodríguez —tía segunda del joven asesinado— dirigió unas palabras a la concurrencia.
Comenzó agradeciendo el apoyo de los presentes, y pidió que “estén atentos”, ante un próximo corte de ruta. En este punto, dirigiéndose al personal de la 42a., aclaró: “y si la policía nos acompaña, muchísimo mejor”. Expresó también el sentir popular con esta significativa expresión: “Nosotros sentimos un dolor inexplicable, y necesitamos justicia”.
Estas últimas palabras mueven a una profunda reflexión. No se pide venganza, ni la aplicación de la Ley del Talión, aquella que reza “ojo por ojo, diente por diente”. Muy lejos de ello, la familia dice que “necesita” justicia. Porque, de quedar impune el crimen de Nicolás, ninguno de ellos podría asumir tan dolorosa pérdida, y continuar honrando a la vida, que continúa en los más pequeños.


Victorina Rodríguez hablando al público.

A continuación, otra tía de Nicolás se dirigió directamente a las cámaras de Una Voz de Cañada Seca, humilde medio vecinal, para dirigirse a toda la población de San Rafael. Pidió, con brillo de lágrimas en sus ojos y la voz algo quebrada: “no nos abandonen. Todos tenemos hijos, todos tenemos familia; vive mucha gente en San Rafael, y somos muy pocos aquí. No nos dejen solos; ayúdennos, por favor. Y ojalá que nunca les pase lo mismo a ustedes”.


Tía y madre de Nicolás.
Silvia Araya, la madre de Nicolás, estaba a su lado. Al terminar la alocución, su hermana Viviana se acercó a ella, y se produjo un momento altamente emotivo: las dos mujeres se estrecharon, llorando, en un profundo abrazo; que fue seguido primero por el respetuoso silencio de la concurrencia, para irrumpir después en aplausos repletos de amor y humanidad. —Todavía queda algo decente en el género humano— pensó, para sí, este cronista.


El abrazo que conmovió a todos los presentes.

A continuación, habló la madre de Nicolás, visiblemente emocionada. Dijo muy pocas, pero muy sentidas, palabras. Agradeció también, profundamente, al apoyo recibido en esta marcha; y anunció que “esto no va a terminar acá; porque no aparecen los culpables”. Y terminó con una frase que conmovió más aún a los presentes: “Ustedes saben lo que era mi hijo”.
Para entonces, ya había arribado el titular de la 42a., comisario Jorge Andino, quien había sido convocado de urgencia para dar una respuesta a los concurrentes. Vestido de civil, y utilizando un tono de voz adecuado a las circunstancias, entre didáctico y contenedor, comenzó haciendo una breve reseña de lo sucedido desde aquella madrugada fatal.

El comisario Andino, de civil, poco antes de dirigirse al público.
Explicó que ese fin de semana se encontraba de turno, y que se trabajó con la mayor celeridad posible; que tuvo que “molestar a amigos y familiares para que se acercaran a la Comisaría a prestar declaración”, y que se trasladó hasta El Nihuil con un equipo de la Policía Científica, para efectuar un peritaje del vehículo de un vecino, que justo había pasado por el lugar, y que se sospechaba fuera el responsable.
A continuación expresó que, hasta el mediodía del domingo —en que se recibió el informe del médico forense— no se sabía a ciencia cierta cuál había sido la causa de la muerte de Nicolás: “La investigación había llegado hasta allí; y a través de la Distrital, pedimos a los medios que se presenten testigos, para resolver el caso”.
En ese punto fue interpelado por Aldo Quesada, padre de Nicolás, que viajó inmediatamente desde Santa Cruz al enterarse de la noticia de la muerte de su hijo.
Quesada, visiblemente emocionado, expresó sus sospechas de que existiera algún tipo de encubrimiento, al preguntar al comisario Andino por qué no se revelaban los datos conservados en el celular de Nicolás. Para el atribulado padre, en el cruce de llamadas y mensajes tendría que encontrarse la evidencia de su muerte: “¿por qué no saben con quién iba a encontrarse él?”, dijo.
Andino respondió que el personal policial se limitaba a cumplir las directivas de la Fiscalía de Instrucción, y que el análisis del celular había quedado a cargo de Delitos Tecnológicos, organismo que no reporta a la comisaría actuante, sino directamente a los juzgados, según aseguró.
A continuación, Quesada y los familiares obtuvieron por primera vez, a 19 días del hecho, información sobre a quién debían dirigirse para enterarse de las novedades en la causa: el fiscal Mauricio Romano, de la Primera Fiscalía Correccional.

Una reflexión

H
asta aquí, la crónica fiel de los sucesos. Más allá de que las dudas de Aldo Quesada sean fundadas o no —esto se debe investigar de manera fehaciente—, y de las reflexiones sobre la perversidad humana que surgen de la conducta criminal de muchos automovilistas, hay un elemento de esta historia que apena y acongoja a aquellos que no han perdido, aún, una pizca de sensibilidad.
Una familia ha quedado destrozada. Una vida que requirió de 17 años de cuidados, educación, protección, desvelos, quedó eliminada de este plano de existencia universal, en el breve lapso de unas pocas horas.
¿Cuál es la reacción del cuerpo social, y de las instituciones, ante un hecho como éste? La nada. “A mí no me pasó, esto no es problema mío”. Puede el lector imaginarse el desgano con que es recibida la familia en los organismos oficiales: “tiene que esperar, señora, aún no sabemos nada”; “vuelva la semana que viene”. Y así, eternamente, hasta que la familia se harta de ser abandonada por las instituciones y se resigna, o alza la cabeza y grita: “¡Es mi derecho que se haga Justicia!”.
Acaso la cuestión no sea la resolución mágica del hecho. Si no hubo una intencionalidad criminal, y si no existe un encubrimiento, el hecho se reduce a la hora solitaria en que una persona desalmada mató accidentalmente a una criatura, y huyó para evitar el dar explicaciones, lo que la convierte automáticamente en criminal, por abandono de persona.
Ni la Policía ni nadie, en tal caso, puede adivinar quién fue el asesino. Pero sí hay una cosa que todas las autoridaes —policiales, judiciales, gubernamentales— tienen la obligación de hacer: brindar contención, acompañamiento psicológico, la presencia de algún mínimo funcionario que haga sentir a las personas que el Estado no las abandona, que está con ellas, que vela por sus derechos.
Acaso sea ésta una utopía irrealizable, acaso no. En todo caso, allí está el dolor de la familia Quesada-Araya, la presencia de las tías Victorina y Viviana, de los papás Aldo y Silvia, de ambos abuelos —paterno y materno— que estaban allí, en la plaza Manuel Belgrano de Salto de las Rosas, acompañando el dolor de sus hijos por la pérdida de su nieto.
Allí está todo ese dolor. Y nadie, de no haber organizado esta marcha, se habría ocupado de explicarles, tan sólo, que sus preguntas tenían que ser formuladas ante un doctor de apellido Romano; el cual —seguramente— no tiene tiempo para ocuparse de los sentimientos del prójimo.
Cañada Seca, y con ella todo San Rafael, ya no creen en lágrimas.

Los vecinos Quesada y Araya, abuelos de Nicolás. El texto que sostiene Araya en su mano reza: "Ayúdeme!!".
(*) Horacio Ricardo Silva (Bs. As., 1959) es escritor, historiador y periodista. Ha publicado artículos en las revistas Todo es Historia, Caras y Caretas, y en cantidad de otros medios gráficos, digitales y radiales. Su libro "Días rojos, verano negro" (Bs. As., Anarres, 2011) ha recibido elogiosas críticas de medios como Revista Ñ, diario La Prensa, Agencia Télam, diario Tiempo Argentino; y figura en el catálogo de la New York Public Library, en los EEUU. Radicado desde hace dos años en San Rafael, actualmente es redactor del periódico comunitario Una Voz de Cañada Seca.